Por décadas, el Cusco y el sur del Perú han entregado su confianza a movimientos de izquierda. Desde Toledo, pasando por Humala, hasta Pedro Castillo, el resultado es: ¡Oh maravilla! los tres terminaron presos por corrupción! Los cusqueños ya no se dejan engañar, la izquierda de Verónika Mendoza ha pasado de liderar las encuestas a tener un 60% de rechazo regional.
El discurso de «Lima contra el Cusco» ha sido el combustible de personajes que solo han usado nuestra historia para llegar y abusar del poder. Hoy, el bloque de izquierda representado por Ronald Atencio (apoyado por Verónika Mendoza), López Chau, y Roberto Sánchez pretende repetir la misma receta que Pedro Castillo. Ellos se presentan como «luchadores sociales», pero son parte de esa vieja política que ha sumido al país en la inseguridad y la corrupción.
¿De qué sirve votar «diferente a Lima» si terminamos eligiendo a los mismos que nos mantienen en crisis?
El Cusco, que es la imagen del Perú a nivel mundial, quiere progresar, quiere un turismo fuerte, quiere crecimiento y oportunidades reales para que las madres no vean que sus hijos se vayan por falta de oportunidades. Para lograrlo, el verdadero cambio que necesitamos implica darse cuenta de que si rechazamos a Keiko Fujimori, también debemos rechazar a Verónika Mendoza, a López Chau y a Ronald Atencio. Todos ellos representan el mismo sistema que ya fracasó.
Mientras la Izquierda Populista promete justicia pero entrega ineficiencia y corrupción, el falso outsider López Chau, bajo una piel de intelectual, esconde las mismas mañas de la política tradicional.
Existe un estudio que dice que el Cusco vota para “castigar a Lima”. ¡Ya no seamos ingenuos! Ha llegado el momento de que el voto cusqueño deje de ser un golpe de rabia y se convierta en una apuesta por la libertad, el crecimiento y el desarrollo real.
El Cusco es el Perú. Es nuestro mayor orgullo, nuestro centro cultural y el corazón que hace latir a todo el país. No podemos seguir regalando nuestro futuro a los mismos de siempre solo por llevarle la contra a la capital. Esta vez, votemos por nosotros mismos, por nuestra grandeza y por un país que finalmente funcione para todos.


